Bach . Su herencia. Filomúsica




JUAN SEBASTIAN BACH. SU HERENCIA
FUENTES

En
este ensayo sobre la figura de Juan Sebastián Bach, veremos cual ha
sido la influencia de éste en los demás compositores de la historia.
Aunque murió sin conocer el éxito, cuesta pensar en una música más
admirada o más influyente que la suya. De Mozart a Schönberg, de Brahms a
Strauss, de Beethoven a Shostakovich, muy pocos han sido los
compositores que no han rendido su tributo de admiración en una forma u
otra.
Sus propios hijos fueron, cada uno en su estilo, sus primeros continuadores de su obra: Wilhelm Friedemann Bach,
llamado el “Bach de Halle”, siendo el más enigmático de sus hijos, fue
también uno de los más dotados. Su música, original y a veces
sorprendente, sigue siendo uno de los más bellos testimonios del estilo
“moderno” y “sensible” del siglo XVIII. A pesar de que le atraía el
nuevo lenguaje, Wilhelm estuvo muy influido por la obra de su padre,
fundiendo así en su música, elementos conservadores y modernos, teniendo
por tanto, un estilo muy personal y un gran temperamento.
Carl Philip Emanuel
fue el Bach más famoso de su tiempo, llamado también el “Bach de
Berlín”. Aunque discípulo de su padre, adoptó la nueva escritura llamada
estilo galante e hizo muchas innovaciones para dar vida a la
Sonata, que empezaba a decaer. No en vano ha sido considerado como el
padre de la Sonata clásica y, aunque nunca abandonó la tradición
heredada de su padre, sí buscó su estilo original, y entre sus más
importantes innovaciones se encuentran el haber sustituido el estilo
fugado por el estilo libre o galante, el establecimiento de la segunda
melodía en el primer tiempo, la importancia de las partes medias, etc.
Aunque su melodía no alcanza gran altura, el ritmo y la armonía
imprevista dan un sabor peculiar a su obra.
Johann Christian,
llamado el “Bach de Londres” o “Bach de Milán”, no recibió especial
influencia de Johann Sebastian ya que, aunque trabajó con su padre
cuando era muy joven, su primer y verdadero maestro fue su hermano Carl
Philip. Destacó más en ópera, género musical que su padre había
desdeñado. Mozart lo consideraba el mayor genio musical del siglo.
El
influjo de Bach sobre compositores posteriores se basa principalmente
en tres grandes pilares de los que el músico barroco puede considerarse
como un auténtico maestro: la ornamentación, la fuga y la variación.
Aunque ya los maestros renacentistas usaron la ornamentación en gran
parte de sus composiciones, en toda la obra de Bach los ornamentos
están presentes en forma de notas de adorno, apoyaturas, grupetos,
trinos, etc, y todos los compositores venideros (Haydn, Mozart,
Beethoven, Chopin) los han utilizado basándose en ellos.
Después de Bach, la fuga
casi desaparece durante el siglo XVIII en favor de la Sonata, entonces
triunfante, y sólamente la emplearon algunos maestros como forma
arcaica. El temperamento de W. A. Mozart se prestaba
poco para cultivar este género, pero a pesar de ello compuso alguna para
clave, además de un final fugado para pequeña orquesta, que figura en
su Galimatías musical compuesta a los doce años, y la más famosa, la del Kyrie de su esplendoroso Requiem. Pero
sin duda sus modelos fueron Carl Philip Emanuel, tal y como reflejan
sus sonatas, y su hermano Johann Christian, cuya impronta es patente en
la Fantasía y Fuga en do menor.
Si bien las primeras sonatas de L. van Beethoven
están impregnadas del “estilo galante” de C. P. Emanuel Bach y de los
elementos y formas de Haydn y Mozart, en la construcción de las fugas,
siendo inferiores a las de Bach, queda patente la influencia de éste
aunque con más expresividad y dramatismo. Beethoven incorpora las fugas a
sus grandes obras, empleándola como desarrollo o como pieza
independiente. El final de la Sonata Op. 110 es sin duda la fuga más bella que se ha escrito después de las del maestro barroco.
Bach
fue el primer minimalista de la historia: con motivos muy cortos, de
tan sólo cuatro notas a veces, que se repiten, se entrecruzan, se
multiplican, cambian de armonía, etc, establece el “Tema con Variaciones”,
género adaptado por muchos compositores aunque ya anteriormente aparece
en algunas obras de compositores renacentistas con el término
“diferencias”, que son variaciones propiamente dichas. Después de las Treinta variaciones sobre un aria en sol (Variaciones Goldberg) tenemos las Variaciones para clave de Haendel o los Andante con variaciones de Mozart o de Beethoven y los Estudios Sinfónicos en forma de variaciones de Schumann. Con respecto a la ampliación temática o gran variación, Bach es el pionero tal y como lo refleja en sus corales. El Coral variado
es la manifestación más antigua que se conoce de la ampliación de un
tema. Bach compuso nueve corales con ampliación, y aunque después de él
este genero caería en desuso, Beethoven, en el último
periodo de su vida, volvió a emplearlo, dando así a la gran variación
todo el valor musical que ningún compositor había dado desde J. S. Bach,
tal y como lo demuestra en sus 32 variaciones sobre un vals de Diabelli.
En el periodo romántico fueron varios los autores que compusieron obras relativas a Bach como Robert Schumann, quien desde 1845 se dedica al estudio de las obras de aquél (el Clave bien temperado era su pan cotidiano), de lo cual resulta una serie de obras contrapuntísticas: Estudios Op. 56 y Bocetos Op. 58 para piano de pedales, 6 Fugas sobre el nombre B.A.C.H. Op. 60 para órgano y 4 Fugas Op. 72 para piano.
Ya dijimos en el anterior arículo que Felix Mendelssohn dirigió en 1829 la Pasión según San Mateo, haciendo resurgir con ello la obra de Bach.
Sentía verdadera veneración por el genio alemás y, tras instalarse en
Leipzig, la influencia de éste fue cada vez mayor. Compone los Preludios y Fugas Op. 35 para piano y el Op. 37
para órgano, inspirados en corales y fugas barrocas y logrando una
síntesis de polifonía y estilo pianístico libre. Asimismo compuso dos Oratorios (el de San Pablo y Elías) que son una verdadera imitación bachiana.
Franz Liszt compuso las Variaciones sobre la Cantata BWV 12, cuyo tema principal proviene del primer coro de la mencionada Cantata, y con un bajo ostinato que no es otro que el Crucifixus de la Misa en Si menor de Bach. Otra de sus grandes obras es la Fantasía y Fuga sobre el nombre de B.A.C.H (1855), cuya adaptación pianística hecha en 1871 no ha destronado la versión original que pertenece plenamente al universo del órgano.
Pero sin duda la fuga romántica más importante es la de César Frank en su Preludio Coral y Fuga en la que no sólo hace un homenaje en la fuga sino que el preludio y el coral están inspirados en el último coral de la Pasión según San Juan.
Ferruccio Busoni,
pianista y compositor italiano, que consideraba a Liszt como el Omega
del piano siendo Bach el Alfa, emprendió con 22 años un monumental
trabajo: la transcripción para piano de todas las obras para órgano de
Bach. Una de sus piezas más importantes es la Fantasía contrapuntística sobre la última obra inacabada de J. S. Bach. Se refiere a la última fuga de El arte de la Fuga.
Rimski-Korsakov, compositor ruso del siglo XIX, compuso varias fugas y 6 variaciones sobre B.A.C.H. Op. 10,
escritas en 1878. Esta obra se compone de Vals, Intermezzo, Scherzo,
Nocturno, Preludio y Fuga. De escritura interesante, el tema es
generalmente utilizado en “cantus firmus” a diferentes voces.
Camille Saint-Saëns, compositor francés del XIX, rinde homenaje a Johann Sebastian con sus 6 Fugas Op. 161, obra tardía de una rigurosa arquitectura. El músico Max Reger, en su obra Variaciones y Fuga sobre un tema de B.A.C.H. Op. 81 desarrolla el tema tomado de la Cantata BWV 128. Se trata de 14 variaciones concebidas dentro de la tradición de las Variaciones Goldberg.
Ya en el siglo XX tenemos al compositor ruso Dimitri Shostakovich, quien en 1951 compuso un ciclo de 24 Preludios y Fugas Op. 87
en homenaje a Bach, tras haber asistido a los conciertos del
bicentenario del nacimiento de éste en Leipzig. En un concurso
organizado para celebrar el evento, la pianista Tatiana Nikolaeva
interpretó los 24 Preludios y Fugas de Bach. Shostakovich, que
era presidente del jurado, le otorgó el primer premio y se inspiró en
esta obra para componer la suya. Este es el primer ejemplo de este
género en la música rusa. Aunque es un homenaje a El Clave bien temperado,
Shostakovich procede de manera diferente en cuanto al orden de las
tonalidades: mientras Bach progresa por semitonos cromáticos, haciendo
suceder el mayor y el menor de cada grado (do mayor, do menor; re bemol
mayor, do sostenido menor; etc), Shostakovich guarda el orden del
círculo de quintas con la alternancia del mayor y su relativo menor. Las
fugas son a dos, tres, cuatro y cinco voces, y dos fugas dobles.
Terminada la composición en la primavera de 1951, la estrenó Nikolaeva
en diciembre de ese mismo año en Leningrado. De esta obra diría el mismo
Shostakovich -uno de los músicos del siglo XX más cercano a Bach-: “he
vuelto al formalismo. Bach es imbatible en su terreno. Nosotros solo
podemos superarlo en rebeldía furiosa y desgarro interior”.
Béla Bártok, compositor húngaro, compuso a los cuarenta años los 6 cuadernos del Mikrokosmos : 153 piezas de un valor pedagógico sin rival desde las Invenciones y Preludios y Fugas de Bach. Los comentaristas nunca han omitido el completamente justificado paralelismo con el Clavierbüchlein, escrito dos siglos antes por J. S. Bach para su hijo W. Friedemann, y con los 12 Pequeños preludios para los principiantes. Aunque
hay similitud en las formas (canon, coral, variación, etc) hay que
señalar una gran diferencia de inspiración: los temas del Mikrokosmos
están basados en melodías del folclore de la Europa central y oriental.
Los números 79 y 91 son un claro homenaje al compositor alemán. Su obra
Nueve pequeñas piezas compuesta en 1926 está dividida en tres cuadernos, y en dos de ellos muestra por primera vez, al igual que en su Concierto, la fuerte influencia del contrapunto lineal de J.S. Bach. El primer cuaderno especialmente se compone de Cuatro diálogos, que son en realidad cuatro auténticas invenciones a dos voces. El segundo cuaderno contiene un Minueto y un Aire cuya polifonía no sólo recuerda a Bach sino que se remonta hasta Frescobaldi.
Heitor Villa-lobos,
compositor brasileño nacido 1887, sintió una sincera admiración por
Bach. Desplegó una intensa actividad musical, no sólo como compositor
sino también como pedagogo, y organizó grandes conciertos que hicieron
descubrir a sus compatriotas las obras corales de Johann Sebastian. Sus
nueve suites tituladas Bachianas brasileiras funden el idioma
musical del músico barroco con los poderosos ritmos y melodías de la
música tropical. Utilizando instrumentos nativos del Brasil en unas, el
violoncello o el coro en otras, el resultado de todas ellas es un
conjunto de piezas basadas en las cantatas bachianas de una belleza
singular. Tienen doble título: por un lado y evocando al barroco las
denomina Adagio, Fuga, Aria, Preludio, Toccata, etc, y por otro,
aludiendo a la música popular añade Mouriña, Ponteio, Desafío, etc.
Villa-lobos organizó orfeones masivos de 11.000 y hasta 40.000 cantores
para acercar Bach a los niños de la calle. Por deseo del propio
compositor hoy día la música de Johann Sebastian es parte imprescindible
de la enseñanza musical en Brasil. En el Museo Villa-lobos de Río de
Janeiro se imparten clases gratis dos veces en semana para que los niños
pobres accedan a la música: cantatas y corales, choros y bachianas
conviven en sus atriles.
Arnold Schönberg, compositor vienés, fue el fundador de la segunda Escuela de Viena junto con Alban Berg y Webern. Dentro de sus Piezas Op. 23, la primera, titulada Sehr langsam, es
una auténtica invención a tres voces en la que la voz intermedia
traspone la notación de las letras B. A. C. H. La pieza, en su
recorrido, desarrolla un contrapunto cromático de una soberana soltura.
El
pasado día 6 de octubre, la segunda cadena de TVE emitió un documental
muy interesante titulado “En clave de Bach”, en el cual se le
relacionaba con compositores como los ya citados Shostakovich y
Villa-lobos así como con el pianista de jazz Jacques Loussier.
Bach fue el primer improvisador de renombre en la música culta. Desde
1959, con ese mismo espíritu, el pianista francés improvisa con su trío a
ritmo de swing sobre las partituras del gran maestro de la improvisación. Las Variaciones Goldberg
las ha trasformado en jazz porque le ha inspirado la primera página que
dice: “treinta improvisaciones sobre un tema”, recargándolas con más
ornamentos, añadiendo un bajo y una batería, cambiando las manos,
variando el tempo, en definitiva, hermanando barroco y jazz -estilos de
los siglos XVIII y XX- sobre un escenario. Otros intérpretes, como The Swingle Singers, Ludovica Mosca y Manel Camp, y el pianista Uri Caine traducen la música del cantor de Leigzip al lenguaje del jazz.
El
siglo XX, siglo de la imagen, no sólo ha necesitado reescuchar a Bach,
sino verlo en movimiento. En el documental citado, la compañía de danza
del bailarín Nacho Duato se expresa en el escenario al son de las notas de una adaptación de El arte de la fuga, así como del Concierto para cuatro claves,
cuya coreografía dispone a los bailarines simulando ser notas musicales
que se mueven dentro de un pentagrama sobre una imaginaria partitura de
Bach. Su música se ha reinterpretado más de una vez; incluso el grupo
británico The Beatles utilizaron acordes bachianos en sus últimas composiciones.
En
su día, Bach fue un compositor barroco; Mozart y Haydn lo convirtieron
en un clásico; Mendelssohn y Schumann hicieron de él un romántico;
Villa-Lobos y Jacques Loussiers lo presentaron como un hijo del siglo
XX. Bach es y seguirá siendo siempre, nuestro contemporáneo.

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