¿En donde estás amor?. Partitura y videoexplicación.

Para aprender los acordes lo mejor es hacer melodías de todo tipo. En esta hago la melodía y realizo los acorde que hay en ella sin llevar un ritmo predeterminado . Simplemente hago los acorde con las dos manos y voy llevando la melodía con la mano derecha , sobre todo con el dedo 5.
La tonalidad es la de do menor y los acordes:

¿En dónde está mi amor?. Música de J. Halpern. Letra de A. Kaps. Fuente 100 melodías.

Videos tu.tv

Noches de blanco saten. Melodía , acordes.

Noches tan blancas,como blanco satén cartas escritas,que se rompen después y la belleza que…siempre ansié con ardor me han decidido hoy a decirte mi amor…que te quiero si, te quiero oh,cuanto te quiero oh…mano en la mano,las parejas se ven cuanto deseo,que así vayamos tambien mil desengaños me han venido a contar,más lo que siento en mi no lo puedo callar…que te quiero si, te quiero oh,cuanto te quiero oh…Noches tan blancas,como blanco satén cartas escritas,que se rompen después y la belleza que…siempre ansié con ardor me han decidido hoy a decirte mi amor…

Muy buena voz la de este artista: Me recuerda a Nino Bravo


ALFONSO PAHINO “NOCHES DE BLANCO SATEN”

Lista compositores contemporaneos de Juan Sebastian Bach.

Compositores contemporáneos de J. S. Bach (1685-1750)

Albinoni Tomaso Giovanni1671 – 1751 Venecia (Italia)
BIBER HEINRICH Ignaz Franz von 1644 – 1704 Wartenberg (República Checa)
Blow John1648 – 1708 Newark (Inglaterra)
Böhm Georg 1661 – 1733 Hohenkirchen (Alemania)
Bononcini Giovanni Battist 1670 – 1747 Modena ( Italia)
Buxtehude Dietrich 1637 – 1707 Oldesloe (Dinamarca)
Caldara Antonio 1670 – 1736 Venecia (Italia)
Campra André 1660 – 1744 Aix-en-Provence (Francia)
Charpentier Marc Antoine 1644 – 1704 París (Francia)
Corelli Arcángelo 1653 – 1713 Fusignano (Italia)
Couperin François 1668 – 1733 París ( Francia)
Fischer Johann Kaspar Ferdinand 1665 – 1746 Alemania
Fux Johann Joseph 1660 – 1741 Hirtenfeld (Austria)
Geminiani Francesco 1687 – 1762 Lucca (Italia)
Graupner Christoph 1683 – 1760 Kirchberg (Alemania)
Glück Christoph Willibald 1714 – 1787 Erasbach (Alemania)
Haendel Georg Frederich 1685 – 1759 Halle (Alemania)
Heinichen Johann David 1683 – 1729 Krössuln (Alemania)
Keiser Reinhard 1674 – 1739 Teuchern (Alemania)
Kerll Kaspar Johann 1627 – 1693 Austria ?
Kuhnau Johann 1660 – 1722 Geising (Alemania)
Krieger Johann Philipp 1649 – 1725 Nürnberg (Alemania)
Lalande Michel Richard 1657 – 1726 París (Francia)
Legrenzi Giovanni 1626 – 1690 Clusone (Italia)
Locatelli Pietro Antonio 1695 – 1764 Bergamo (Italia)
Lotti Antonio 1667 – 1740 Venecia (Italia)
Lully Jean-Baptiste 1632 – 1687 Florencia (Italia)
Marais Marin 1656 – 1726 París (Francia)
Marcello Benedetto 1686 – 1739 Venecia (Italia)
Marchand Louis 1669 – 1732 Lyon (Francia)
Mattheson Johann 1681 – 1764 Hamburgo (Alemania)
Montéclair Michel Pignolet de 1667 – 1737 Andelot (Francia)
Muffat Georg 1653 – 1704 Mégève (Francia)
Pachelbel Johann 1653 – 1706 Nuremberg (Alemania)
Pasquini Bernardo
1637 – 1710 Massa da Valdinievole (Italia)
Pergolesi Giovanni Battista 1710 – 1736 Lesi (Italia)
Purcell Henry 1659 – 1695 Londres (Inglaterra)
Quantz Johann Joachim 1697 – 1773 Oberscheden (Alemania)
Rameau Jean Philippe 1683 – 1764 Dijon )Francia)
Rebel Jean-Féry 1666 – 1747 París (Francia)
Reincken Jan Adams 1623 – 1722 Wilshausen (Alemania)
Roman Johan Helmich 1694 – 1758 Stockholm (Suecia)
Sammartini Giovanni Battista 1701 – 1775 Milán (Italia)
Scarlatti Alessandro 1660 – 1725 Palermo (Italia)
Scarlatti Domenico 1685 – 1757 Nápoles (Italia)
Steffani Agostino 1654 – 1728 Castelfranco (Italia)
Tartini Giuseppe 1692 – 1770 Pirano (Italia)
Telemann Georg Philipp 1681 – 1767 Magdeburgo (Alemania)
Torelli Giuseppe
1658 – 1709 Verona (Italia)
Vivaldi Antonio 1678 – 1741 Venecia (Italia)
Walther Johann Gottfried
1684 – 1748 Erfurt (Alemania)
Weiss Sylvius Loepold 1686 – 1750 Breslau (Polonia)
Zelenka Jan Dismas 1679 – 1745 Lunovice (República Checa)

Agonía. Leyenda del Abad de Alquézar

Toque de campana cuando agoniza una persona.

Leyenda del Abad de Alquézar

Mi
nombre es Casimiro Casalera, maestro campanero. De los últimos que
quedan, pues cada vez más curas van reduciendo el bello lenguaje de las
campanas a cuatro o cinco toques. No comprenden que la música de las
campanas sirve para algo más que para anunciar misas o desastres.
Durante muchos años, las campanas combatieron las heladas, las
tormentas, las sequías; despertaron cosechas; atrajeron lluvias;
alejaron a las brujas y, en fin, hicieron sonreir al Padre Dios. Pero no
voy a seguir con estas disquisiciones. Hace ya tiempo que sólo puedo
hablar de una campana. Escucho su tañido tanto en vigilia como en el
sueño, y hasta el roce de las hojas de los árboles removidas por el
viento me recuerda aquel fantasmagórico son. Sí, se trata de eso: de
fantasmas, de espíritus, oh, Dios mío, de almas en pena…

Era yo
muy joven. Trabajaba como aprendiz junto al Campanero de Sijena. Llegó a
oidos de mi maestro que andaban buscando a alguien para tocar en la
Abadía de Santa María de Alquézar. Hacia esa Villa me encaminó. Nada más
llegar, subí a ver al Abad. Un hombre normal, ni muy viejo ni muy
joven, muy delgado, eso sí, y con una mirada sombría y triste. Apenas
habló conmigo. Me aconsejó una casa de huéspedes, me adelantó el sueldo
de una semana y me dejó junto a la puerta de la Torre del Campanario.
Sólo me dijo:
-Después de la primera noche, hablaremos despacio.
Nada
me indicó de horarios de misas, ni de toques, ni de oraciones; y ningún
encargo me hizo. En aquel momento, ante mi primer trabajo de
responsabilidad, y llevado por mi inconsciente juventud, sólo me movía
una urgencia. Las campanas, para nosotros, son como seres vivos. Mi
maestro me había enseñado a quererlas, por no decir a amarlas. A
llamarlas por su nombre, siempre de mujer. Yo estaba impaciente por
conocer la campana principal de la Abadía, a buen seguro de nombre Santa
María. Y no me preocupé de más. A punto de abrir la portezuela para
subir al campanario, una vieja se acercó a mí.
-Hijo, -susurró- aléjate de la campana encantada. No gusta de manos humanas vivas.
Y
desapareció entre las sombras de una capilla lateral. Yo había oído
muchas leyendas sobre campanas que tocan sólas y cosas así. En realidad,
las campanas siempre han tenido que ver con lo sobrenatural y lo
misterioso. Mi maestro de Sijena decía que nacieron con el sólo fin de
alejar a los malos espíritus, así que sonreí para mis adentros, encendí
un cirio, y comencé a subir las escaleras.
En apenas una hora,
pensaba, podría estrenarme con el toque de la medianoche, ese al que en
algunos sitios llaman el del Alma Perdida, que sirve de aviso para
rezagados y de ayuda para quienes se demoran extraviados por los
caminos. Nada en contra habíame dicho el Abad, y así podría yo caer con
buen pie en tan excelente lugar. Faltaba como una hora hora, según digo,
pero sin embargo, mi asombro no tuvo límite cuando una compana empezó a
sonar. Debía ser una campana descomunal, a juzgar por el estruendo que
allí se oía. No, desde luego, no era un cimbalico empujado por el
viento, era la mismísima campana de la Agonía tocando a muertos.
Fue
mi primera reacción la de bajar a toda prisa, pero me contuve. Pudo más
la curiosidad que el pánico. Tenía que saber quién estaba tocando,
porque de seguro allí había alguien. ¿Sería un usurpador de mi puesto?
¿Acaso el anterior campanero despechado y vengativo? ¿O quizá el mismo
Abad poniendo a prueba mi arte y mi destreza? Dejé a un lado el recuerdo
de las supercherías de la vieja de la iglesia y subí, muy cauto, los
peldaños que me separaban del campanario. Justo al llegar a la vista de
la campana, volvió a sonar. ¡Nunca antes escuché un tañido más triste, y
al mismo tiempo tan desgarrador, tan violento! Y nunca después lo volví
a escuchar. Aquel se introdujo para siempre en mis desgraciados
tímpanos. Pero lo peor de todo es que allí no había nadie. Recuerdo que
la vela se me apagó, ¡y Dios no lo hubiera querido! Ante mí, lo juro por
los clavos del Cristo de Lecina, se me presentó una sombra más oscura
que la misma noche, un aletear de pesados hábitos rozó mi piel, y un
aliento helador y pestilente me estremeció. ¡Dios, cuán increíble es lo
que cuento… mas cuán real es el terror que desde aquella aciaga noche
atenaza mis entrañas…!

Esto es lo que oí entonces decir al
fantasma, y así lo escribo, y sirva el cercano final de mis días en esta
tierra como testigo de que lo que digo, verdad es:
-Fui en vida
Abad de aquesta santa Abadía consagrada a la Señora cuyo nombre no soy
digno pronunciar… Sacrifiqué los últimos años de mi cuerpo terrenal
con las más duras y espantosas penitencias… Mas mi alma ni tuvo, ni
tiene perdón. Porque mi pecado fue y no fue de carne, eternamente deberé
pagar… Surgió ante mí aquella sobrenatural belleza sin par, y aún me
pregunto por qué, ¿quién lo permitió? ¿por qué aquella aparición en mi
solitaria celda a turbar vino mis sentidos e hízome caer? Con el cuerpo
de una hada incorpórea hube de folgar en mi inconsciencia pecadora,
arrebatado de tan engañosos encantos, y ahora, y por siempre, y por los
siglos de los siglos, encontraré palabras a mi dolor en el badajo de
esta campana, y mi llanto arrepentido convertiráse en tañer de Oficio de
Difuntos…
Estas terroríficas palabras se quedaron grabadas en mi
alma, no sólo por lo que dijeron, sino por cómo fueron dichas. Llegaban
hasta mis oídos desde la sombra del fantasma como un lejano eco, y tras
cada frase, la campana tocaba una y otra vez… Hui de allí preso de
locura… Supe luego que esa noche murió el Abad con el que yo había
apenas hablado unas horas antes.

No he intervenido aún. He
querido dejar transcripto pura y fielmente el legajo que obra en mi
poder, rubricado por Casimiro Casalera. Luego he sabido por otros sabios
autores de la leyenda que pesa sobre la Colegiata de Santa Maria de
Alquézar.Dicen algunos que el Abad fue en vida un santo anacoreta que
vivía en el Santuario de la Virgen de Lecina; aseguran otros que su
apariencia es la de una figura casi de aire o de revuelo de ropas,
esquiva y fugaz tras las almenas de la colegiata…

Visitar
Alquézar en el Somontano de Barbastro ,buenos vinos ,música,bailes, y un
paisaje presioso, antes de llegar a los Pirineos.
ALQUEZAR

Acompañamiento.

Acompañamiento Ritmo o melodía que sirve para dar soporte y hacer más rica la melodía principal . Apoyo instrumental que se le da a un solista ( Cantante ,violinista,,). Fondo musical suministrado por las partes menos importantes a las más importantes. Cuando cantas una canción te acompañas con una guitarra, con un piano, con una bateria, lo ,más importante eres tú que cantas los demás te acompañan, de vez en cuando hay alguno que coge la batuta y hace un solo: unsolo de guitarra, un solo de bateria. En esta partitura la mano derecha hace la parte solista, la mano izquierda hace el acompañamiento:

Coro Talia con acompañamiento de orquesta

Estilos del Jazz. El Jazz vocal.

LOS ESTILOS DEL JAZZ:
EL JAZZ VOCAL

El jazz vocal constituye por si solo una amplia panorámica dentro del extenso universo del jazz. No obstante, son los instrumentistas, quienes han hecho crecer y evolucionar el jazz en los momentos decisivos, y cualquier análisis sobre las grandes voces del jazz, no deben obviar esa realidad. Es muy difícil encontrar cantantes de jazz cuya esencia pertenezcan por completo al jazz: Louis Armstrong, Billie Holiday, Ella Fitzgerald, o Jimmie Rushing, son algunos ejemplos. La gran mayoría son solo cantantes populares que musicalmente hablando, cantan jazz.

En los orígenes del canto jazzistico, está como casi en todo, el blues. Es el blues folklórico y rural, cantado en los campos de algodón y en las plantaciones rurales por los esclavos procedentes del continente africano, en las prisiones y en los caminos, el que se usa para expresar el dolor, el abandono, la adversidad, la desesperación o cualquier otro sentimiento personal y social. A la esclavitud, sucedió la segregación racial, y con ella, la intensa corriente migratoria llevó a la población negra a los ghettos de las grandes ciudades a finales del siglo XIX. El blues viajó con ellos y se hizo urbano. Ese canto se difundió no solo entre tabernas y lupanares, sino que el mundo del vodevil, el cabaret y el teatro se hicieron eco de ese canto llevando el blues a las comedias musicales negras de Harlem y Broadway. Cuando las cantantes negras de la época: Mamie Smith, Gertrude “Ma” Rainey, Bessie Smith, o Ethel Waters se desprendieron del manto opaco del vodevil, pusieron los pilares que sostienen todo el canto jazzistico que hoy conocemos. Luego llegó Louis Armstrong, ya convertido en un genial cornetista, innovador y eje básico del jazz moderno. Su aportación a la música vocal fue adaptar su voz -nada privilegiada por otra parte- a los ritmos que ya había conseguido con su instrumento. La voz quebrada y el registro de su corneta, gozaban de una misma maestría rítmica, un dominio creativo de la tensión y la distensión (el swing), de los acentos, las sincopas y las pausas que es lo que constituye en última instancia la excelencia del cantante de jazz.

Billie Holiday, Ella Fitzgerald y Sarah Vaughan -para mi, por este orden- ocupan en términos de prestigio, la cima del jazz vocal femenino. Billie Holiday adoptó el fraseo de Louis Armstrong y el temperamento expresivo de Bessie Smith para convertirse en una cantante inigualable en los tiempos medios, redistribuyendo sus acentos y pausas dentro de los limites de la canción; Sarah Vaughan, utilizó su potente registro vocal para aproximarse a una canción como lo haría un instrumentista de viento; y Ella Fitzgerald, además de ser la cantante que mas ha calado entre el gran público, consiguió que el “scat” se convirtiera en una herramienta musical completa y autosuficiente.
Gentileza de vino ,jazz, y literatura.